Un nuevo estudio que siguió a personas autistas desde la infancia hasta la adultez encontró que determinadas habilidades prácticas se relacionaron con resultados posteriores en áreas como empleo, vivienda y relaciones sociales. Los hallazgos refuerzan la importancia de ofrecer oportunidades continuas para aprender y practicar habilidades útiles para la vida real.
Cuando pensamos en la educación y los apoyos para niños y adolescentes autistas, gran parte de la atención suele concentrarse en el rendimiento académico, la comunicación o las habilidades sociales. Sin embargo, actividades aparentemente sencillas —manejar dinero, utilizar un teléfono, preparar alimentos, desplazarse por la comunidad o realizar tareas domésticas— también pueden desempeñar un papel importante a largo plazo.
Un estudio publicado el 16 de septiembre de 2026 en la revista científica Development and Psychopathology analizó precisamente esta cuestión.
Los investigadores Elaine Clarke, Hannah Singer y Catherine Lord estudiaron información de 232 personas autistas que fueron seguidas desde la infancia hasta aproximadamente los 33 años de edad. El objetivo era determinar qué habilidades de la vida diaria durante diferentes etapas del desarrollo estaban asociadas con resultados posteriores en la adultez.
¿Qué son las habilidades de la vida diaria?
Son aquellas capacidades que permiten a una persona desenvolverse en las actividades cotidianas.
Pueden incluir, por ejemplo:
- vestirse y cuidar la higiene personal;
- preparar alimentos;
- ayudar con las tareas del hogar;
- manejar dinero;
- utilizar un teléfono;
- realizar compras;
- desenvolverse en lugares públicos;
- seguir normas de seguridad;
- realizar actividades relacionadas con el trabajo y la comunidad.
Estas habilidades no deben entenderse como una exigencia para que todas las personas sean completamente independientes.
Una persona puede necesitar apoyos durante toda su vida y, al mismo tiempo, aprender habilidades que aumenten su autonomía, capacidad de decisión, seguridad y participación en la comunidad.
Un estudio que siguió a las personas durante décadas
Una de las características más importantes de esta investigación es su duración.
Los investigadores analizaron habilidades de la vida diaria cuando los participantes tenían aproximadamente 5, 9, 14 y 18 años, y posteriormente estudiaron distintos aspectos de su vida adulta, incluyendo:
empleo, situación de vivienda, relaciones sociales y bienestar.
En lugar de observar solamente una puntuación general de “funcionamiento adaptativo”, los investigadores analizaron habilidades específicas y utilizaron modelos estadísticos de aprendizaje automático para estudiar cuáles estaban más relacionadas con diferentes resultados posteriores.
Las habilidades relacionadas con la comunidad fueron especialmente relevantes
Uno de los resultados más interesantes fue que las habilidades utilizadas para desenvolverse en la comunidad aparecieron repetidamente entre los factores más asociados con determinados resultados adultos.
Entre ellas se encontraban capacidades relacionadas con el uso del dinero y del teléfono.
Las habilidades evaluadas durante la infancia y adolescencia mostraron capacidad para predecir estadísticamente aspectos posteriores como el empleo y las relaciones sociales.
Por ejemplo, las habilidades evaluadas alrededor de los 5 años explicaron una proporción considerable de la variación observada posteriormente en resultados relacionados con el empleo.
Pero esto requiere una aclaración muy importante.
El estudio no demuestra que aprender una habilidad determinada garantice un resultado futuro.
Que dos factores estén relacionados no significa necesariamente que uno cause directamente el otro.
Un niño que desarrolla determinadas habilidades tempranas puede también haber tenido acceso a mejores apoyos, más oportunidades de aprendizaje, determinadas características personales o muchas otras circunstancias que influyen posteriormente en su vida.
Por eso, estos resultados no deberían utilizarse para predecir individualmente el futuro de un niño autista.
No existe una única habilidad “mágica” ni una edad límite para aprender
Quizá uno de los mensajes más importantes del estudio es precisamente lo que no encontraron los investigadores.
No apareció una sola habilidad que fuera esencial para obtener buenos resultados en todas las áreas de la adultez.
Tampoco apareció una única etapa del desarrollo en la que estas habilidades deban aprenderse obligatoriamente.
Los autores señalan que los resultados apoyan la importancia de ofrecer oportunidades continuas para aprender y practicar habilidades de la vida diaria a lo largo del desarrollo.
Esto es especialmente importante para las familias de adolescentes y adultos autistas.
Cumplir 18 años no significa que haya terminado la oportunidad de aprender.
Las habilidades pueden enseñarse, practicarse y desarrollarse también durante la juventud y la adultez, utilizando los apoyos que cada persona necesite.
Aprender en situaciones reales puede ser fundamental
Las habilidades de vida no tienen que enseñarse únicamente en un salón de clases.
Muchas pueden practicarse dentro de las actividades cotidianas.
Por ejemplo, una persona autista puede participar progresivamente en:
comprar un artículo en una tienda, comparar precios, pagar una compra, preparar una comida sencilla, utilizar transporte, pedir una cita, llamar por teléfono, enviar un mensaje, organizar una rutina, lavar ropa, realizar una tarea doméstica o participar en una actividad laboral o de voluntariado.
El nivel de apoyo puede adaptarse.
Una persona puede comenzar realizando solamente una parte de la actividad y asumir gradualmente otras responsabilidades cuando esté preparada.
Además, algunas personas necesitarán apoyos permanentes. Eso no elimina el valor de permitirles participar, elegir y desarrollar las habilidades que sean significativas para ellas.
Autonomía no significa “hacer todo solo”
Este punto es particularmente importante cuando hablamos de autismo.
El objetivo no debería ser obligar a una persona a demostrar independencia ni medir su valor según cuánto pueda hacer sin ayuda.
La autonomía también significa poder:
tomar decisiones, expresar preferencias, pedir ayuda, participar en la comunidad y tener mayor control sobre la propia vida.
Los apoyos pueden formar parte de esa autonomía.
Una persona puede vivir con familiares, utilizar tecnología de apoyo, contar con un trabajador de apoyo o necesitar supervisión para determinadas actividades y, aun así, tener oportunidades reales de aprender, participar y tomar decisiones.
El estudio también tiene limitaciones
Como toda investigación, estos resultados deben interpretarse con cautela.
La muestra fue de 232 participantes, alrededor del 19 % eran mujeres y el 69 % eran blancos. Además, los participantes provenían de una cohorte que comenzó a estudiarse hace décadas y muchos habían sido identificados como autistas durante la infancia.
Por ello, los resultados pueden no representar completamente la enorme diversidad de la población autista actual, incluyendo personas diagnosticadas en la adolescencia o adultez, mujeres autistas, personas racializadas y personas con diferentes necesidades de apoyo.
Los propios investigadores señalan la necesidad de replicar estos hallazgos en muestras más grandes y diversas.
¿Qué podemos aprender de esta investigación?
El estudio no ofrece una fórmula para garantizar empleo, amistades o vida independiente.
Pero sí refuerza una idea importante:
las habilidades prácticas de la vida cotidiana merecen ocupar un lugar mucho más importante en la educación y los apoyos que reciben las personas autistas.
Además de enseñar matemáticas, lenguaje o contenidos académicos, vale la pena preguntarnos:
¿Estamos dando oportunidades para aprender a manejar dinero?
¿Para comprar?
¿Para cocinar?
¿Para utilizar transporte?
¿Para comunicarse cuando necesita ayuda?
¿Para aprender habilidades laborales?
¿Para participar activamente en las tareas de su propio hogar y su comunidad?
Y probablemente la pregunta más importante sea:
¿Estamos enseñando estas habilidades respetando el ritmo, las capacidades, las necesidades de apoyo y las decisiones de cada persona autista?
Prepararse para la adultez no debería consistir en intentar convertir a una persona autista en alguien que no es.
Debería significar darle herramientas, oportunidades, apoyos y experiencias reales que aumenten sus posibilidades de participar en la vida que desea construir.
Fuente científica
Clarke, E., Singer, H. & Lord, C. (2026). Developmental cascades of daily living skills matter for adult outcomes in autism. Development and Psychopathology. Publicado en línea el 16 de septiembre de 2026.
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