Para muchas familias, la hora de comer puede convertirse en uno de los momentos más difíciles del día. Hay niños y personas autistas que aceptan muy pocos alimentos, rechazan determinadas texturas, no toleran ciertos olores o necesitan que la comida tenga una presentación muy específica.
A veces estas conductas se interpretan simplemente como “quisquillosas”, “malcriadas” o como una negativa a probar cosas nuevas.
Sin embargo, una nueva revisión científica nos recuerda algo muy importante: para muchas personas autistas, comer también es una experiencia sensorial.
Un estudio publicado el 3 de octubre de 2026 en el Journal of Autism and Developmental Disorders reunió los resultados de 46 investigaciones sobre alimentación y procesamiento sensorial en niños autistas. De ellas, 17 pudieron incluirse en un metaanálisis.
Los investigadores encontraron una relación consistente entre las diferencias en el procesamiento sensorial y las dificultades relacionadas con la alimentación.
Esto no significa que todas las dificultades para comer de una persona autista sean causadas por cuestiones sensoriales. Pero sí nos ayuda a comprender por qué, en algunos casos, pedir simplemente que “pruebe un poquito” puede no ser tan sencillo como parece.
Comer implica muchos sentidos al mismo tiempo
Cuando pensamos en comida, normalmente pensamos en el sabor.
Pero al comer intervienen muchos otros sentidos.
Está la textura del alimento dentro de la boca, su temperatura, el olor, el aspecto, el sonido que produce al masticarlo e incluso la sensación que deja en los labios, la lengua o las manos.
Para una persona con diferencias sensoriales, algunas de estas experiencias pueden resultar mucho más intensas.
Una textura que para otra persona pasa prácticamente desapercibida puede sentirse desagradable o difícil de tolerar.
Un olor puede resultar demasiado fuerte.
Una comida crujiente puede generar una experiencia muy diferente a una comida blanda.
Incluso dos alimentos que tienen prácticamente el mismo sabor pueden sentirse completamente distintos debido a su textura.
¿Qué encontró la nueva revisión?
Los investigadores encontraron que los niños autistas presentaban con mayor frecuencia dificultades durante las comidas que los niños no autistas incluidos en los estudios comparativos.
Las diferencias sensoriales más marcadas aparecieron en el área táctil, pero también se encontraron diferencias relacionadas con:
el gusto y el olfato;
la visión;
los sonidos;
y otras experiencias sensoriales asociadas con la alimentación.
Además, al combinar los resultados disponibles, los investigadores encontraron una asociación moderada entre las diferencias de procesamiento sensorial y las dificultades de alimentación.
En otras palabras, cuanto mayores eran determinadas diferencias sensoriales, también tendían a observarse mayores dificultades relacionadas con la comida.
Es importante aclarar que una asociación no significa necesariamente que una cosa sea la causa de la otra.
Lo que vemos como “rechazo” puede tener una explicación
Este tipo de investigación puede ayudarnos a cambiar nuestra forma de interpretar determinadas conductas.
Pensemos en un niño que únicamente acepta alimentos crujientes.
Quizás no está intentando ser difícil.
Puede que la textura crujiente sea predecible para él, mientras que un alimento blando o mezclado produzca una sensación que le resulta muy desagradable.
Otra persona puede tolerar una determinada marca de yogur, pero rechazar otra muy similar porque su consistencia cambia ligeramente.
También puede ocurrir que un alimento sea aceptado en casa, pero no en otro lugar, porque cambia la temperatura, la presentación, el olor del ambiente o incluso el nivel de ruido durante la comida.
Para quienes no experimentamos esas diferencias sensoriales, puede ser difícil comprender hasta qué punto algo aparentemente pequeño puede cambiar toda la experiencia de comer.
Por eso es tan importante observar antes de juzgar.
Para las personas autistas, estas experiencias son reales
También es importante escuchar directamente a las personas autistas.
Muchos adultos autistas describen desde hace años experiencias intensas relacionadas con la textura, el olor, la temperatura y la presentación de los alimentos.
No deberíamos asumir que una persona está exagerando simplemente porque nosotros no sentimos lo mismo.
Una respuesta sensorial puede ser muy real aunque desde fuera no podamos verla.
Y comprender esto puede cambiar completamente nuestra manera de acompañar a una persona.
En lugar de preguntar:
“¿Por qué no quiere comerlo?”
quizás podríamos empezar preguntándonos:
“¿Qué puede estar sintiendo cuando intenta comerlo?”
La diferencia entre ambas preguntas es enorme.
Obligar a comer puede no resolver el problema
Cuando una persona rechaza alimentos de manera persistente, muchas familias reciben consejos como:
“Si tiene hambre, terminará comiendo.”
“No le prepares otra cosa.”
“Debe acostumbrarse.”
Pero si existe una dificultad sensorial significativa, obligar a la persona a tolerar una experiencia que le resulta extremadamente desagradable puede aumentar la ansiedad alrededor de la comida.
El objetivo no debería ser convertir cada comida en una batalla.
Tampoco significa que debamos renunciar a ampliar la variedad de alimentos cuando existe una necesidad nutricional.
Significa que debemos buscar una manera de hacerlo comprendiendo primero qué está dificultando la alimentación.
Para algunas personas puede ser útil introducir cambios gradualmente.
Por ejemplo, tolerar primero un alimento en el plato, después tocarlo, olerlo y solamente más adelante probarlo.
Pero cada persona es diferente.
Lo que funciona para una no necesariamente funcionará para otra.
Los terapeutas también pueden mirar más allá de la conducta
Este estudio también tiene un mensaje importante para profesionales.
Cuando existen dificultades con la alimentación, no basta con observar únicamente si la persona “come” o “no come”.
Puede ser necesario explorar:
qué texturas acepta o rechaza;
qué temperaturas tolera;
si determinados olores producen rechazo;
si mezcla alimentos o necesita mantenerlos separados;
si el ruido del ambiente dificulta la comida;
si existen dificultades para masticar o tragar;
si hay dolor, estreñimiento, reflujo u otros problemas médicos;
y qué siente la propia persona respecto a la comida.
En algunos casos puede ser apropiado contar con la participación de profesionales como terapeutas ocupacionales, dietistas, especialistas en alimentación, fonoaudiólogos o médicos, dependiendo de la dificultad específica.
Y, siempre que sea posible, la propia persona autista debe formar parte de esas decisiones.
Hay que evitar otra conclusión equivocada
Aunque esta revisión encontró una asociación importante, tampoco debemos pasar al extremo de pensar que todas las dificultades alimentarias en el autismo son sensoriales.
No lo son.
Una persona puede presentar dificultades para comer por muchas razones diferentes: problemas gastrointestinales, alergias, dificultades motoras orales, ansiedad, experiencias negativas previas con determinados alimentos, efectos de medicamentos o diferentes condiciones médicas.
Por eso, cuando la alimentación es muy limitada, existe pérdida de peso, deficiencias nutricionales, dolor, dificultades para tragar o un cambio repentino en la forma de comer, es importante buscar evaluación profesional.
Un cambio de perspectiva puede hacer una gran diferencia
Para mí, una de las enseñanzas más importantes de este tipo de estudios no está solamente en las cifras.
Está en la manera en que nos invita a mirar a la persona.
Cuando entendemos que detrás de una conducta puede existir una experiencia sensorial diferente, dejamos de pensar inmediatamente:
“Está siendo difícil.”
Y comenzamos a pensar:
“¿Qué necesita?”
Eso no significa eliminar todos los retos ni dejar de enseñar nuevas habilidades.
Significa acompañar de una manera más informada y respetuosa.
Las personas autistas no necesitan que ignoremos sus dificultades.
Necesitan que intentemos comprenderlas.
Y cuando se trata de alimentación, comprender cómo una persona experimenta los sabores, las texturas, los olores y el entorno puede ser el primer paso para encontrar estrategias que realmente le ayuden.
En Positive Autism creemos que apoyar a una persona comienza por intentar comprender su experiencia, no por obligarla a comportarse como esperamos que lo haga.
Fuente científica
Szalkay, K. y colaboradores (2026). Early-Life Feeding Behavior and Sensory Processing in Autism Spectrum Disorder: A Systematic Review and Meta-Analysis. Journal of Autism and Developmental Disorders. Publicado el 3 de octubre de 2026.
La revisión incluyó 46 estudios y 17 fueron incluidos en el metaanálisis.
https://link.springer.com/article/10.1007/s10803-026-07543-6?utm
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